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Calculadora de embarazo


Calculadora de embarazo

¿Estás embarazada? Calcula tu fecha probable de parto y sigue tu embarazo semana a semana usando la fecha de tu última regla, concepción o ecografía.

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Última actualización: 27 de junio de 2026

Tabla de Contenidos

  1. Duración del embarazo y fecha probable de parto (FPP)
  2. Confirmación del embarazo
  3. Cómo calcular la fecha probable de parto
    1. Niveles de gonadotropina coriónica humana (hCG)
    2. Ecografía fetal
    3. Fecha de ovulación o concepción
    4. Fecha de la última menstruación (FUR)
  4. Unidades de cálculo de la edad gestacional
  5. Evolución y particularidades de los trimestres del embarazo
    1. Primer trimestre (Semanas 1 a 13)
    2. Segundo trimestre (Semanas 14 a 27)
    3. Tercer trimestre (Semanas 28 a 40+)
  6. Factores que influyen en la fecha de parto
    1. Edad materna
    2. Predisposición genética
    3. Salud de la madre
    4. Número de embarazos previos (Paridad)
    5. Embarazos múltiples
    6. Hábitos y estilo de vida poco saludables
    7. Longitud del ciclo menstrual
  7. Parto prematuro
  8. Parto prolongado o tardío
  9. Síntomas del inicio del trabajo de parto
  10. Cuidados y estilo de vida durante el embarazo
    1. Medicamentos y suplementos
    2. Alimentación saludable
    3. Aumento de peso gestacional
    4. Mantenerse activa: Ejercicio físico

Calculadora de embarazo

Nuestra calculadora de embarazo te permite generar un calendario de embarazo preciso basado en tu fecha probable de parto (FPP), la fecha de tu última menstruación (FUR), la fecha de concepción, la de tu ecografía o la fecha de transferencia embrionaria por FIV.

Duración del embarazo y fecha probable de parto (FPP)

El embarazo es el periodo de aproximadamente 9 meses durante el cual uno o más bebés se desarrollan en el vientre materno. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un embarazo a término dura entre 37 y 42 semanas. Por lo general, el parto ocurre unas 38 semanas después de la concepción o 40 semanas después del inicio de la última menstruación.

Durante la primera consulta de control prenatal, el ginecólogo u obstetra calculará una fecha probable de parto (FPP), a menudo apoyándose en los resultados de una ecografía temprana. Además, el médico utilizará la fecha de tu último periodo menstrual para afinar esta predicción.

Aunque es posible estimar cuándo nacerá el bebé, la duración real del embarazo depende de diversas variables, como la edad materna, la duración de embarazos previos y el peso de la madre en el momento de dar a luz. Además, existen factores aún desconocidos que influyen en la variabilidad natural del tiempo de gestación.

Según las investigaciones clínicas, menos del 4 % de los bebés nacen en su fecha exacta de parto. Alrededor del 60 % nacen dentro de la semana siguiente a esa fecha, y casi el 90 % de los nacimientos ocurren dentro del margen de dos semanas antes o después de la fecha estimada.

Confirmación del embarazo

Un embarazo puede confirmarse mediante pruebas específicas o al detectar los primeros síntomas de gestación. Entre los signos más comunes destacan la ausencia del ciclo menstrual (amenorrea), la elevación de la temperatura basal, fatiga extrema, náuseas y un aumento en la frecuencia urinaria.

Las pruebas de embarazo miden la hormona hCG, el principal biomarcador de la gestación, a través de análisis de sangre u orina. Estas pruebas son capaces de detectar un embarazo entre seis y ocho días después de la fecundación.

Los análisis clínicos de sangre son extremadamente precisos y pueden detectar los niveles exactos de la hormona hCG (presente únicamente durante el embarazo) de forma muy temprana. Sin embargo, los resultados tardan más en ser evaluados y su coste es mayor frente a los test de embarazo caseros. Por otro lado, aunque existen pruebas de orina en laboratorio, no siempre ofrecen una mayor precisión que un test de farmacia moderno y suelen resultar más costosas.

Cómo calcular la fecha probable de parto

Existen diferentes métodos médicos y calculadoras de gestación para estimar cuándo nacerá tu bebé:

Niveles de gonadotropina coriónica humana (hCG)

Esta hormona comienza a detectarse en la sangre pocos días después de la implantación del óvulo fecundado. Aunque un análisis de sangre revela tus niveles de hCG, solo un médico especialista puede evaluar en qué etapa del embarazo te encuentras y calcular tu fecha estimada de parto basándose en este indicador.

Ecografía fetal

Por lo general, se realiza una ecografía (ultrasonido) entre las semanas 7 y 8 de embarazo para confirmar la viabilidad y ajustar la fecha de parto. Durante esta prueba, el especialista mide la longitud del embrión (longitud cráneo-caudal) para determinar con gran precisión su edad gestacional.

Fecha de ovulación o concepción

Si conoces la fecha exacta de tu ovulación (o de la relación sexual que dio lugar a la concepción), puedes calcular tu fecha de parto sumando dos semanas a ese día y contando 40 semanas (o 280 días) a partir de ahí. Recuerda que, en un ciclo regular de 28 días, la ovulación suele producirse aproximadamente 14 días después del primer día de la menstruación.

Fecha de la última menstruación (FUR)

Este es el método más utilizado a nivel médico para calcular las semanas de gestación. Funciona especialmente bien para mujeres con ciclos menstruales regulares.

La gran mayoría de las mujeres no conocen el día exacto en que concibieron, pero sí recuerdan con exactitud el primer día de su última regla. A partir de esta fecha se inicia el conteo oficial. En un ciclo típico, la ovulación (y posible fecundación) ocurre a mitad del ciclo, es decir, unas dos semanas después del inicio de la menstruación.

Basándonos en esta premisa, un embarazo promedio dura unos 280 días (40 semanas) desde el primer día de la última menstruación. Por lo tanto, puedes obtener tu fecha estimada de parto sumando exactamente 280 días a la fecha en que comenzó tu último sangrado.

Este cálculo establece tu edad gestacional u obstétrica. Con este «calendario de embarazo», los médicos y matronas llevarán el seguimiento detallado del desarrollo fetal.

Cabe destacar que la edad gestacional es aproximadamente dos semanas mayor que la edad fetal o embrionaria, ya que esta última se empieza a contar estrictamente desde el momento real de la fecundación.

Unidades de cálculo de la edad gestacional

A nivel clínico y popular, el embarazo se calcula en semanas. Es el sistema más preciso y cómodo para seguir el desarrollo del bebé y evitar confusiones. El conteo arranca el primer día del último ciclo menstrual. Si tu obstetra te indica que estás en la semana 10 de embarazo, significa que la concepción ocurrió hace unas ocho semanas y que te faltan unas 30 semanas para dar a luz (ya que la duración media es de 40 semanas).

Para una visión más amplia, el embarazo también se divide en una unidad mayor: el trimestre. Los trimestres dividen la gestación en tres fases, cada una de las cuales dura alrededor de 13 semanas.

El desarrollo fetal y el bienestar físico y emocional de la madre presentan características únicas en cada una de estas etapas.

Evolución y particularidades de los trimestres del embarazo

Primer trimestre (Semanas 1 a 13)

El primer trimestre es el punto de partida de la vida gestacional. Durante las primeras semanas, es posible que la mujer no sepa que está embarazada o solo tenga sospechas. Suele ser una de las etapas más complejas, ya que representa un estado biológico totalmente nuevo. Adaptarse a esta nueva realidad supone un importante reto físico y psicológico.

Por lo general, el primer trimestre es el periodo con mayores molestias físicas para la madre. A causa de la drástica revolución hormonal, es común experimentar cambios bruscos de humor y una profunda somnolencia. Las náuseas son extremadamente frecuentes, y algunas mujeres llegan a padecer una toxicosis grave (hiperémesis gravídica), sufriendo vómitos constantes. En esta fase inicial, no es inusual que la futura madre pierda algo de peso debido a la aversión a ciertos olores y alimentos cotidianos.

Es vital que la mujer priorice el descanso, evite levantar pesos y comience a cuidar rigurosamente su salud y nutrición prenatal.

Desde un enfoque emocional, asimilar el embarazo puede generar estrés o ansiedad, incluso cuando el bebé ha sido muy planificado.

A nivel fetal, el desarrollo es asombroso: se forman los órganos vitales del embrión. Aunque al principio apenas mide 2 mm, rápidamente desarrolla el tubo neural, el cordón (que formará la columna vertebral) y los primeros vasos sanguíneos. ¡El crecimiento es frenético! Al final del primer trimestre, el bebé medirá entre 6 y 7 cm y pesará unos 20 gramos.

La placenta comienza a formarse alrededor de la séptima semana para asumir la nutrición. Antes de ese momento, el embrión absorbe todos los nutrientes necesarios directamente del revestimiento uterino. En este punto, la madre ya puede escuchar el latido del corazón del bebé en la primera ecografía.

El cerebro experimenta un desarrollo vertiginoso. Los dedos de las manos y los pies se separan, se forma el sistema urinario y los riñones empiezan a funcionar hacia la semana nueve. Para la semana 12, el feto ya se mueve libremente por el saco amniótico, aunque la madre aún no pueda sentirlo.

Al finalizar el primer trimestre, se realiza el cribado prenatal (o tamizaje). Esta prueba clave combina una ecografía ecográfica detallada y análisis de sangre materno. Durante esta ecografía se evalúan indicadores como la longitud cráneo-caudal, el perímetro cefálico, la translucencia nucal (pliegue del cuello), el hueso nasal, las estructuras cerebrales y el estado del líquido amniótico, descartando posibles anomalías cromosómicas.

Segundo trimestre (Semanas 14 a 27)

Durante el segundo trimestre, el vientre materno comienza a crecer y redondearse. Hacia la semana 20, el embarazo ya es evidente para el entorno.

A partir de la semana 13, las molestas náuseas suelen desaparecer, marcando el inicio de lo que muchas llaman "el trimestre dorado". El cuerpo se ha adaptado al cóctel hormonal, devolviendo a la mujer su energía, mejorando su bienestar general y disminuyendo la ansiedad.

No obstante, el volumen de sangre en circulación aumenta considerablemente, sobrecargando gradualmente el organismo. Es habitual sufrir episodios de estreñimiento o pesadez, por lo que es imprescindible llevar una dieta rica en fibra, abundantes frutas, verduras y buena hidratación.

Uno de los momentos más mágicos llega a partir de la semana 20: la madre empieza a sentir las pataditas y movimientos de su bebé. En la semana 27, el bebé alcanzará los 35 cm de longitud y tendrá el tamaño y peso de una coliflor (alrededor de 900 gramos).

Desde la semana 13, el feto pone en práctica el reflejo de succión (es común verlo chupándose el dedo en la ecografía 4D). Sus órganos internos siguen madurando, la musculatura facial le permite hacer muecas y empieza a parpadear. Su sistema inmunológico está en construcción, aunque todavía depende completamente de los anticuerpos de su madre.

En la semana 18, los órganos reproductores del feto están completamente desarrollados, lo que significa que ya podrás confirmar el sexo de tu bebé.

Entre las semanas 19 y 20, se produce la formación crítica de la corteza cerebral, por lo que la exposición a toxinas como el tabaco o el alcohol es extremadamente peligrosa en esta etapa del desarrollo neurológico.

Si llegara a producirse un parto prematuro extremo a partir de la semana 22-24, el feto tendría probabilidades de supervivencia gracias a la maduración pulmonar inicial, aunque requeriría cuidados intensivos neonatales y podría enfrentarse a graves retos de salud.

Tercer trimestre (Semanas 28 a 40+)

El tercer trimestre es la recta final. Se caracteriza por un rápido aumento de peso tanto en la madre como en el bebé, con un crecimiento acelerado del perímetro abdominal materno.

Físicamente, es una etapa agotadora que reduce el nivel de actividad de la futura madre. El útero en expansión ejerce presión sobre el resto de órganos, provocando una sensación de pesadez generalizada. El nivel de ansiedad puede repuntar ante la inminencia del parto y el miedo al dolor, pero predomina la inmensa alegría y expectación por sostener al bebé en brazos.

Debido al requerimiento energético, es normal que la madre gane entre 300 y 350 gramos por semana y experimente un aumento del apetito. El volumen de la barriga dificulta encontrar una postura cómoda para dormir por las noches y entorpece la movilidad diaria.

El bebé crece sin pausa, aumentando la exigencia sobre el cuerpo materno. La compresión de la vejiga provoca visitas constantes al baño, y la presión sobre el diafragma y la columna puede causar sensación de falta de oxígeno y fuertes dolores lumbares.

A las 38 semanas, el embarazo se considera a término, aunque es perfectamente normal y saludable que el bebé decida nacer en la semana 41 o 42.

En el interior del útero, el bebé desarrolla el sentido del gusto y responde a los sabores de lo que come su madre. Los brotes de los dientes de leche se fijan en las encías y el sistema inmunitario se consolida. A las 33 semanas, sus órganos internos están completamente maduros; a partir de ahí, su principal objetivo es acumular grasa subcutánea para ganar peso y regular su temperatura al nacer.

A partir de la semana 30, la mayoría de los bebés adoptan la posición cefálica (cabeza hacia abajo), encajándose en la pelvis para preparar el nacimiento. Si esto no ocurre, el bebé quedará en posición de nalgas, lo que requerirá evaluación médica. La barriga se siente muy tensa, y aunque el bebé tiene menos espacio para hacer movimientos amplios, sus estiramientos son muy intensos y visibles, permitiendo a la madre distinguir claramente un pie o un codo.

A las 38 semanas, el bebé ya tiene el aspecto regordete de un recién nacido y pesa unos 3 kg. En el momento definitivo del parto, el peso medio oscilará entre los 2,5 y 4 kg.

Factores que influyen en la fecha de parto

Un parto que se desencadena entre las semanas 37 y 42 se considera un embarazo a término normoevolutivo. Cualquier nacimiento que ocurra antes se clasifica como parto prematuro.

Existen diversos factores que pueden alterar la fecha en la que darás a luz:

Edad materna

Las madres adolescentes (menores de 20 años) y las mujeres mayores de 36 años tienen una probabilidad ligeramente mayor de experimentar partos prematuros o embarazos que superan ligeramente la FPP.

Predisposición genética

La herencia familiar juega un papel clave. Si tu madre o abuela tuvieron un historial de partos adelantados, es probable que tu cuerpo siga un patrón biológico similar.

Salud de la madre

Padecer enfermedades crónicas previas o desarrollar complicaciones gestacionales (como la preeclampsia) eleva significativamente el riesgo de tener un parto prematuro.

Número de embarazos previos (Paridad)

Es muy habitual que las madres primerizas superen su fecha probable de parto. Esto se debe a que el cuello uterino y el cuerpo en general necesitan un proceso de preparación más largo. Por el contrario, en segundos o terceros embarazos, el trabajo de parto suele desencadenarse de forma más temprana.

Embarazos múltiples

Llevar gemelos, mellizos o trillizos ejerce una sobredistensión en el útero y una gran presión sobre el cuello uterino. A mayor presión, más pronto se iniciará la dilatación. Por norma general, los partos múltiples se programan o suceden naturalmente antes de la semana 39.

Hábitos y estilo de vida poco saludables

Estadísticamente, las madres consumidoras de tabaco, alcohol u otras toxinas presentan tasas más altas de partos prematuros. Asimismo, un índice de masa corporal (IMC) muy elevado sumado a un sedentarismo extremo pueden alterar el momento de inicio del parto.

Longitud del ciclo menstrual

Si tus ciclos menstruales regulares duran menos de 28 días, hay grandes probabilidades de que el parto se adelante entre 1 y 2 semanas. Por el contrario, si tienes ciclos largos, es totalmente esperable que tu gestación alcance las 41 o 42 semanas.

Parto prematuro

Hablamos de parto prematuro cuando el trabajo de parto se desencadena entre la semana 22 y antes de completar la semana 37 de gestación.

El cuadro clínico y los síntomas de un parto prematuro son muy similares a los de un parto a término. El proceso suele comenzar con dolor constante o punzante en la zona baja del abdomen y la zona lumbar. Posteriormente, hacen aparición las contracciones rítmicas, que pueden ir de leves a muy intensas. Es posible que se produzca la rotura de la bolsa amniótica ("romper aguas"). Si se presenta secreción sanguinolenta abundante, requiere atención médica de urgencia, ya que podría indicar un desprendimiento prematuro de placenta.

Los factores de riesgo que predisponen a un parto prematuro incluyen:

  • Edad materna extrema (muy joven o edad avanzada);
  • Tabaquismo y malos hábitos;
  • Antecedentes de abortos inducidos;
  • Historial de abortos espontáneos o partos prematuros previos;
  • Infecciones del tracto urogenital o líquido amniótico;
  • Enfermedades somáticas o patologías graves crónicas;
  • Complicaciones específicas del embarazo (preeclampsia, diabetes);
  • Cuadros de estrés físico o emocional severo.

Parto prolongado o tardío

Superar la fecha probable de parto es extremadamente frecuente, especialmente en el primer embarazo. Alcanzar las 41 o 42 semanas de gestación entra dentro de la absoluta normalidad médica. Las causas principales de un embarazo prolongado son:

  • Un error de cálculo en la fijación inicial de la FPP (por ciclos irregulares);
  • Bebés de gran tamaño o macrosomía fetal (más de 4 kg);
  • Desajustes hormonales maternos;
  • Estilo de vida muy sedentario u obesidad materna;
  • Antecedentes de amenazas de aborto durante el primer trimestre.

Síntomas del inicio del trabajo de parto

Días o semanas antes del gran momento, tu cuerpo comenzará a mostrar señales o «pródromos» de parto que indican que el nacimiento es inminente. Presta atención a estos síntomas:

  • Descenso del abdomen (el bebé se encaja en la pelvis, aliviando la presión pulmonar);
  • Expulsión del tapón mucoso (un flujo gelatinoso que puede desprenderse una o dos semanas antes del parto);
  • Estabilización o leve descenso del peso corporal materno;
  • Trastornos digestivos (es común experimentar heces sueltas o diarrea leve justo antes del parto para vaciar los intestinos);
  • Aparición de dolores sordos e intensos en la parte baja del abdomen y las lumbares (similares a los de la regla);
  • Disminución de la cantidad de líquido amniótico;
  • Rotura de la bolsa de aguas;
  • Aparición de contracciones rítmicas cada 4 o 5 minutos.

Si tus contracciones son regulares, dolorosas, y mantienen un intervalo de 4 a 5 minutos durante al menos una hora, es la señal definitiva de que el trabajo de parto ha comenzado y se recomienda acudir al hospital o contactar con tu matrona.

Cuidados y estilo de vida durante el embarazo

Para asegurar un embarazo saludable y el correcto desarrollo de tu bebé, es vital adoptar un enfoque integral respecto a tu salud, prestando especial atención a la suplementación, el control de peso, la actividad física y la dieta.

Medicamentos y suplementos

Todo lo que ingieras durante el embarazo puede atravesar la barrera placentaria y tener un impacto en el bebé. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) en Estados Unidos clasifica los medicamentos en categorías (A, B, C, D y X) evaluando sus beneficios frente a los potenciales riesgos teratogénicos para el feto. Nunca te automediques estando embarazada. Consulta siempre con tu ginecólogo antes de tomar cualquier fármaco, por inofensivo que parezca.

Alimentación saludable

La nutrición materna es el pilar fundamental para la salud del binomio madre-bebé. Debido a la altísima demanda de energía y micronutrientes para formar una nueva vida, los requerimientos dietéticos de una mujer embarazada son muy distintos a los habituales.

La calidad nutricional debe primar sobre la cantidad. Nutrientes clave como el Ácido Fólico (vital para prevenir defectos del tubo neural) deben suplementarse. Del mismo modo, el aporte de Omega-3 (especialmente DHA) es indispensable para el óptimo desarrollo del cerebro y la retina del bebé; dado que el feto no puede producirlo por sí mismo, debe obtenerlo exclusivamente a través de la placenta durante la gestación y de la leche materna tras el parto.

Dado que existen restricciones (como evitar carnes crudas, embutidos o lácteos no pasteurizados) y la información puede resultar abrumadora, recomendamos que las mujeres embarazadas consulten con su obstetra o un dietista-nutricionista especializado para diseñar un plan de comidas seguro y adaptado a sus necesidades.

Aumento de peso gestacional

Ganar peso de forma progresiva es un componente natural y absolutamente necesario de la gestación. Este incremento no es solo grasa materna; engloba el peso vital del feto, la placenta, el volumen de líquido amniótico, el aumento del torrente sanguíneo y el tejido mamario.

Llevar un seguimiento de tu peso es primordial, ya que un aumento deficitario puede frenar el crecimiento intrauterino del bebé, mientras que un aumento excesivo dispara el riesgo de sufrir hipertensión gestacional (preeclampsia) o de que el parto derive en una cesárea de urgencia.

El Instituto de Medicina (IOM) establece las siguientes recomendaciones de aumento de peso basadas en el Índice de Masa Corporal (IMC) previo al embarazo:

  • 12,5 - 18 kg (28-40 libras) para mujeres con bajo peso (IMC < 18,5)
  • 11,5 - 16 kg (25-35 libras) para mujeres con peso "normal" (IMC 18,5 - 24,9)
  • 7 - 11,5 kg (15-25 libras) para mujeres con sobrepeso (IMC 25 - 29,9)
  • 5 - 9 kg (11-20 libras) para mujeres con obesidad (IMC ≥ 30)

Por ello, te recomendamos utilizar nuestra Calculadora de aumento de peso en el embarazo, una herramienta diseñada siguiendo estrictamente las directrices médicas del Instituto de Medicina.

Mantenerse activa: Ejercicio físico

La ciencia médica lo avala: si tu embarazo cursa sin riesgos, la actividad aeróbica regular mejora drásticamente tu salud cardiovascular, previene dolores musculares, controla la ganancia de peso y, estadísticamente, reduce la probabilidad de requerir una cesárea. Por esta razón, los especialistas recomiendan mantener rutinas adaptadas de ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza.

Las mujeres que ya practicaban deporte intenso con regularidad antes de concebir y que cursan un embarazo normoevolutivo, suelen poder continuar con sus entrenamientos bajo supervisión. Según el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG), el riesgo de daño fetal a causa del ejercicio físico en un embarazo saludable es extremadamente raro.

Sin embargo, debes detener el ejercicio inmediatamente y acudir a urgencias si experimentas alguno de los siguientes signos de alarma: sangrado vaginal, dificultad severa para respirar antes de hacer esfuerzo, mareos o aturdimiento, dolor de cabeza intenso, dolor o hinchazón repentina en las pantorrillas (posible trombosis), pérdida de líquido amniótico, ausencia de movimientos fetales, contracciones uterinas dolorosas, debilidad muscular extrema o dolor opresivo en el pecho.